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El Funeral

Murió a medianoche, y a los tres días volvió a la tierra. Su nombre no era Jesús, él había sido un ser humano entre tantos otros.

No volvió para salvar a la humanidad sino que regresó para vengarse del que había sido su mejor amigo. No murió a traición, las enfermedades acabaron con su vida. No fue crucificado, tuvo un funeral de los de verdad; gente llorando, trajes negros, un buen ataúd y un cura que hablo bien de el durante media hora. Solo hubo un fallo: el no vino.

Cuando se asomó a comprobar el buen funcionamiento de las exequias quedó muy satisfecho. Su familia había organizado una buena despedida para su cuerpo. Había allí mucha gente que no conocía pero eso no le importó, daba buena imagen. Lo que le molestó fue que Simón, su único amigo, no había ido. Furioso abandonó su cuerpo y se dirigió a la ciudad en su busca. Por mucho que rebuscó entre las calles no lo encontró. Su casa estaba vacía. Se había ido sin razón alguna de la ciudad, sin acompañarle en la despedida tenía que volver al funeral, antes de que le enterraran, para cuidar de que todo transcurriera por cauces normales, pero se prometió a si mismo no dejar ese asunto de tal manera.

Y a los tres días resucitó, o mejor dicho, se escapó. Aprovechó un descuido del guardián para deslizarse fuera de la celda, sin hacer ruido. Tenía que darse prisa para que no notaran su ausencia. Con volver antes del recuento de medianoche su escapada no tendría consecuencias, no quería ni pensar en lo que le podían hacer si le descubrían: tenían prohibido salir. Encontró a Simón en su casa, comiendo solo, ni triste ni contento, ensimismado en su tenedor.

Y le mató. Las cosas se veían diferentes desde el otro lado: había que dar buena imagen, llorar, organizar un buen entierro y guardar luto durante algún tiempo. Seguro que Simón esperaría lo mismo de su familia. Cuando se reuniera con el le entendería.

También se habría enfurecido si en la situación contraria el hubiera faltado a su funeral. Simón Trebanillas apareció tendido en el suelo de su cocina.

No hubo funeral por expreso deseo suyo, ese punto venía claramente especificado en su testamento. Los funerales le parecían una falsa deformación de la muerte, el la sentía mucho mas profundamente que todos los protocolos que se organizaban. Por eso no había acudido al funeral, estuvo en la montaña, recapacitando sobre esa vida que se llevaba los seres queridos sin avisar, hablando internamente con la muerte, su sentido.

Y su amigo vio pasar a Simón, rápidamente, sin detenerse, y quiso salir a traerlo para hacerle compañía, pero el celador se lo impidió. Ese no es de los vuestros -murmuró- y le empujó dentro. Y Simón siguio su camino,con la mirada perdida en el infinito,sin volver la vista atras.

A él le esperaban en otro lugar.

Publicación April 18, 2022
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